1Q84 Libros 1 y 2 by Haruki Murakami

1Q84 Libros 1 y 2 by Haruki Murakami

autor:Haruki Murakami [Murakami, Haruki]
La lengua: spa
Format: mobi
Tags: Mundos Paralelos, Thriller
editor: Tusquets
publicado: 2009-06-01T22:00:00+00:00


Terminaron de comer y el camarero recogió los platos. Renunciaron al postre y se quedaron con las copas de vino en la mano.

—Oye, la otra vez me dijiste que, cuando eras niña, nunca abusó de ti ningún hombre, ¿verdad?

Aomame miró un instante la expresión de Ayumi y luego asintió.

—En mi casa éramos muy religiosos y nunca se hablaba de sexo. Todo el mundo a mi alrededor era así. El sexo era un tema que estaba prohibido tocar.

—Pero el nivel de religiosidad y el apetito sexual no tienen nada que ver. De todos es sabido que hay muchos casos de adicción al sexo entre el clero. En realidad, entre las prostitutas y los pervertidos que son arrestados por la policía, son numerosas las personas relacionadas con la religión y con la educación.

—Tal vez, pero, por lo menos a mi alrededor, no había ningún indicio de lo que me estás hablando. No había ningún pervertido.

—Pues mejor —dijo Ayumi—. Me alegro.

—¿A ti sí que te pasó?

Ayumi encogió ligeramente los hombros, confusa. Luego habló.

—La verdad es que abusaron de mí varias veces cuando era niña.

—¿Quién?

—Mi hermano mayor y mi tío.

Aomame frunció un poco el ceño.

—¿Tu hermano y tu tío?

—Sí. Ahora los dos son policías en activo. Mi tío incluso fue condecorado hace poco por ser un policía excelente. Dijeron que llevaba treinta años de servicio y que había contribuido enormemente a la seguridad de la comunidad, así como al mejoramiento del entorno. Una vez salió en los periódicos por salvar a un perra estúpida y a su cachorro, que estaban perdidos en medio de un paso a nivel.

—¿Qué te hicieron?

—Me tocaron los genitales, me hicieron chupársela...

La cara de Aomame se enrugó aún más.

—¿Tu hermano y tu tío?

—Por separado, claro. Yo debía de tener unos diez años y mi hermano, quince. Lo de mi tío ocurrió bastante antes. Pasó en dos o tres ocasiones; se había quedado a dormir en casa.

—¿Se lo has contado a alguien?

Ayumi negó varias veces con la cabeza, despacio.

—No. Me dijeron que no se lo contara absolutamente a nadie y me amenazaron con que me ocurriría algo terrible si me chivaba. Además, aunque no me hubieran amenazado, tenía la impresión de que, si lo contaba, me regañarían y me lo harían pasar mal. Tenía miedo y fui incapaz de contárselo a nadie.

—¿Ni siquiera a tu madre?

—A mi madre, menos —respondió Ayumi—. Mi hermano mayor siempre fue su ojito derecho; en cambio, yo siempre la había decepcionado. Porque era maleducada, fea, gorda..., y mis notas del colegio no eran precisamente una maravilla. Ella quería una hija diferente: una niña esbelta y mona, como una muñeca, que fuera a clases de ballet. Era, obviamente, pedirle peras al olmo.

—Entonces, no querías decepcionar más a tu madre.

—Así es. Me daba la impresión de que, si le contaba lo que me había hecho mi hermano, me odiaría y me detestaría todavía más. Me dije a mí misma que algo habría hecho yo, por mi parte, para que eso me hubiera ocurrido, en vez de culpar a mi hermano.



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